jueves, 3 de noviembre de 2011

El fin de Binter Canarias

El café expreso de José sabe especialmente amargo esta mañana, tiene la mirada perdida, se engaña y dice que no quiere hablar... José se está despidiendo de Binter Canarias la aerolínea a la que ha dedicado media vida y lleva en el corazón, según sus propias palabras.

La semana pasada se enteró de las intenciones de la compañía de despedir a la mitad de la plantilla, y desde el lunes sabe, aunque nadie se lo ha dicho, que su nombre figura en la lista. Nunca pensó que le tocaría a él, y sin embargo ahora se ve con un pie en la calle y se pregunta dónde encontrará trabajo a su edad...
Todo empezó hace algo más de cinco años, cuando la empresa empezó a contratar los servicios de otras compañías. Fueron años de mucha confusión, se hablaba de volar el B737, de mucho crecimiento, de lo caros que eran los pilotos, de sindicalistas corruptos y de cambiar algunas cosas.

José sabe ahora que ahí se trazó la hoja de ruta que iba a seguir la dirección de Binter durante los próximos años: acabar con la compañía pero seguir vendiendo billetes bajo la marca Binter. "No quisimos ver lo que estaban haciendo, no supimos reaccionar", dice.

Empezaron sacando vuelos de Binter y dándoselos a una aerolínea desconocida, una compañía de aerotaxi llamada Naysa, para convertirla en una low cost sin sindicatos ni convenios. Curiosamente los propietarios de Naysa eran también los directivos de Binter.

A partir de ese momento las tripulaciones de Binter se dieron cuenta de que lo que debía ser un proyecto de crecimiento, que los trabajadores acogieron con ilusión en un principio, se convertiría con el tiempo en un monstruo que devoraría la matriz hasta quedarse con todos sus vuelos.

La compañía Binter pasó de contar con una plantilla de más de 400 en el 2007 a sólo 129 cuatro años más tarde, y con el ERE de ahora se reducirá a 64 trabajadores. "Tuvimos 13 aviones ATR operando, y para el año que viene el plan es que sólo vuele uno..."

"Han acabado con Binter Canarias y nadie ha hecho nada para impedirlo, ni siquiera nosotros, los trabajadores". Antes de que acabe el año cumplirá cincuenta y un años, “me queda media vida, ¿dónde voy a encontrar empleo?”. José paga el expreso y marcha pensativo camino del trabajo.