jueves, 25 de agosto de 2011

Separación radar

Separación radar
Alas de Plomo
Hablar de mínimas de separación, cuando se está en aproximación o despegue de un aeropuerto, o en cualquier otra fase del vuelo, es algo que creía estaba ya perfectamente determinado. Sin embargo parece que la realidad aeronaútica española se empeña en demostrarnos que eramos unos ilusos. (ALAS DE PLOMO)
 
Hace un par de días "filtraron" en El País la presunta intención de reducir estas mínimas de separación intentando que el tráfico aéreo sea más fluido y con ello reducir las demoras.

No voy a ser yo quien diga que eso no puede paliar -en parte- un problema de flujo de tráficos. Aunque no es algo tan sencillo de aplicar. Para los más inquietos, matemáticamente hablando, basta con acercarse a ver la Paradoja de Braess, en la que se aprecia que lo obvio no siempre es evidente.
Hay un empeño ministerial por culpabilizar a los controladores de todos los males que aquejan a la aviación civil española, cuando son ellos los últimos que garantizan la seguridad de nuestros vuelos dentro de un marco legal que cada día varía sus propias reglamentaciones, a base de Decretos-Ley y que, en el mejor de los casos, apenas hay tiempo de asimilar cuando ya entra en vigor uno nuevo.
Afortunadamente el índice de siniestralidad es mínimo, a pesar de que cada día se ven reducidos los márgenes con los que operábamos hasta ahora, y por tanto están poniendo todos los medios políticos para que ese lamentable índice crezca de una manera lineal (o exponencial). Mientras los profesionales aéreos callamos como _ _ _ _ _ para que nadie nos ponga en la _ _ _ _ calle por hablar fuerte y claro (Charlie-Charlie).
Cualquier piloto de línea aérea, cualquier controlador aéreo, cualquier ingeniero aeronaútico, y toda esa cantidad de profesionales aéreos implicados en la SEGURIDAD AEREA, podría y debería contar el porqué de su obstinación en no aceptar este tipo de modificaciones que sólo generan mayor probabilidad de incidente/accidente.
Soy un apasionado del desarrollo tecnológico, acepto la implantación de cualquier innovación que redunde tanto en la eficacia como en la eficiencia. Me sumo a todo aquello que sirva para mejorar la vida en general y la aviación en particular. Pero no puedo adherirme a este tipo de "soluciones" improvisadas que no hacen más que confundir cada día más al auténtico motor de la aviación: EL PASAJERO.
Sres. pasajeros, les habla el comandante. Estamos volando en espacio aéreo controlado por un ministro, les ruego permanezcan atados a sus asientos. Acaban de comunicarme que la zona de aproximación está más saturada de lo habitual, así que les sugiero que permanezcan en todo momento mirando por la ventanilla y, en caso de ver que otro avión se acerca por su lado, comuniquenselo a la Tripulación de Cabina, para que podamos hacernos una idea real de por dónde tenemos que hacer la maniobra de "evasión", puesto que nuestro TCAS se está volviendo loco... ¡Gracias por su inestimable colaboración!.
No quiero hablar de estelas turbulentas, de abortos de despegue, de retrasos en abandonar la pista, de cizalladuras, de vuelo en condiciones  IFR, de operación con visibilidad reducida, de fallos de comunicación, errores de interpretación, de saturación radio, ni de tantas y tantas cosas "sin importancia"  a las que tenemos que dar un solo nombre, PROFESIONALIDAD. Eso es nuestro trabajo y para ello nos hemos preparado todos a conciencia, pero en aviación se dice una cosa graciosa: ¡Los experimentos con Gaseosa!